19/2/10

#12 Relatos de locura: Una noche agitada


Esto le pasó al amigo de un amigo. Resulta que este tipo, habitante de Vicuña Mackenna con Sta. Isabel, al que llamaremos Jesús, un día se encontraba con sus amigos del barrio, como siempre, sentados como weones esperando que algo loco apareciera de la nada y pasaran una noche inolvidable. Resulta, que lo tan esperado sucedió, Carla, una mina de ahí, apenas apareció le anunció a Jesús y compañia:

- Tengo una amiga de cumpleaños, ¿Por qué no le vamos a hacer una fiesta sorpresa?
- Ya po (Dijeron al unísono, despues de enterarse de que la festejada era hembra)... ¿Pero donde queda ? (Nuestros protagonistas, como tan weones no son, no accederían hasta que fuera un lugar donde se pudieran escapar y volver como si nada hubiera pasado)
- Queda en el metro Macul, pero no se preocupen, mi viejo yo cacho que me va a pasar a buscar.

"La raja" pensaron ellos, se escapan, carretean, llegan rondando las 3 am a su villa y sus padres no se enteran: Plan perfecto.

Entonces, como era de esperarse, cerca de las 21:30 hrs nuestros héroes partieron hacia el metro Sta. Isabel y abordar el tren hasta Sótero del Río, donde se reuniría con otras tipas, tomarían una micro y prepararían la casa para la surprise party.
Todo salió, hasta ese momento, como se planeó, pasaron a la boti, compraron unas chelas, se reunieron con el resto de la gente y llegaron a preparar la bienvenida de la festejada.

Aproximadamente a las 23 horas el gran momento llegó, arribó la cumpleañera y challas y serpentinas por doquier, la mina llorando feliz, las amigas (bien amigas) sonreían de la felicidad de que todo halla resultado como lo esperaban, y por último, Jesús y sus amigos sirviendo las primeras piscolas, para empezar a tantear el terreno femenino.

Comienza el carrete, suben los grados de alcohol, parte con el clásico manteo, después el vaso al seco de la festejada, y se empiezan a armar las primeras parejas casuales, para romper la pista de baile en la casa.

Jesús, con unas cuantas latas y piscolas en el cuerpo, había encontrado su media naranja, un poco de baile y la tenía preparada para salvar la noche. Súbitamente el carrete se traslada afuera para los fumones y Jesús con su nueva amiga también salieron, a conversar un rato con el resto de la gente.

Todo la raja, Jesús tirando las mejores tallas de su repertorio, su chica muerta de la risa y cada vez sintiendo que quería tener una noche inolvidable con él y los amigos de nuestro protagonista, festejando como locos, uno metiéndole conversa a la mamá de la cumpleañera, otro ya estaba en un sillón con otra mina, uno que no se alejaba de la mesa del copete y otro dando jugo como nunca, todos pasándola sencillamente la raja, aunque cada uno de maneras diferentes, Jesús en tanto, cada vez se acercaba mas a la tipa que venía conociendo y ya estaba proyectando una ida a buscar al liceo para tomarse un helado.

Pero como no todo puede ser perfecto, algo malo estaría a punto de pasar.

Cercano a las 2:30 de la mañana, Jesús había logrado tomar de las manos a su prometida mientras hablaban, y una cosa comenzó a vibrar en su bolsillo, era su celular, se hizo el interesante y lo sacó... pero rápidamente su cara se le desfiguró, era su madre, quizás que cosas quería, pero para evitarse un pichuleada superior, decidió contestar.

- Aló Mamá ? que pasó ?
- Vente pa la casa, ya es muy tarde
- Ya mamá (con la peor cara de espanto de la existencia)

Nuestro protagonista no evitó que se le saliera un "puta la weá", pero como caballero que es, le dijo a su novia casual que lo esperara que tenía que hablar con Carla, la mina que lo había invitado.

- Oye Carla, sabi que me llamó mi vieja, nos podríamos ir ?
- Ya dale, deja llamar a mi viejo.

Como dice la ley de Murphy, todo empeoró. El viejo de Carla que no contestaba, llamaba llamaba y llamaba y na que ná, Jesús desesperado aún, reúne a su grupo de amigos y les informa lo que sucede.

- Weón ! me llamó mi vieja, tengo que irme
- Puta la weá, ya filo, si igual ya estaba funando la weá (aunque no para nuestro protagonista)
- Ya, la Carla está llamando, nos vamos como en ... (Nuevamente suena el celular) ... Conchesumadre... aló mamá ?

- Te dije que te vengai pa la casa, altiro
- Ya mamá, es que, es que... ESTOY CON MI POLOLA (excusa weona)
- Me importa una wea, te quiero aqui en 1 min
- Ya mamá...

Recordar que nuestro protagonista se encontraba al otro extremo de Santiago, y el padre de Carla aun no se dignaba a contestar su weá de telefono.
Cuando ya eran un cuarto para las 4 de la mañana, todavía sin poder salir del extremo sur de la capital, deciden hacer una maniobra bastante arriesgada.

- Weón, vamonos a pata (Dice jesús desesperado)
- Tai weón, estamos a la rechucha
- No sean weones ! quedense acá, es mas seguro (Dice Carla, suponiendo que nuestros padres no nos pegaría senda patá en las weas por quedarse fuera sin avisar)
- No weón, no nos podemos quedar, ni cagando.

Despues de 10 min de discusión, a Jesús le dio la weá y decidió definitivamente irse a su hogar, y como sus amigos son bastante apañadores, y las minas se aburrieron, accedieron.

Pasándose todas las advertencias por la raja, iniciaron su travesía, recorriendo todo santiago, lo más rápido posible... pero había un pequeño problema... NO SABÍAN DONDE CHUCHA ESTABAN, preguntaron... adonde queda el metro ? y esa fué su única pista, mas encima que tenían que hacer el recorrido de la micro caminando, una cosa terrible.

Despues de caminar una media hora, mas urgidos que la conchesumadre, debido a la hospitalidad de la gente del sur de la capital (Que mirai culiao ?, Sacate esa polera maricon culiao, Hermanito no tiene fuego ?, pa qué po, etc.) Llegaron hasta la estación Macul, y al mirarla, decidieron seguir la línea esperando que alguna micro apareciera. Caminaron, y caminaron, y caminar, hasta que...

...finalmente pillaron un metro, aliviados, miraron el nombre de ésta, pero había un solo problema... era la estación ROJAS MAGALLANES ! habían caminado 3 estaciones, PARA EL OTRO LADO, estaban aún mas lejos, y peor aún, en barrios aun mas peligrosos, y peor aun, las llamadas de la madre de Jesus no se detenían, y peor aun, el reloj seguia corriendo.

Ya cerca de las 4 am, con una cantidad de patadas en la raja que recibirían gigante, a nuestros héroes nada les interesaba, el objetivo era otro: querían llegar a sus casas, a la hora que fuese, y con todas sus extremidades y pertenencias.

Al darse cuenta de la triste situación en la que estaban metidos, decidieron cruzar avenida Vicuña Mackenna, para intentar agarrar una micro. Cuando de la nada, por primera vez agradecieron ver una micro del sistema público de Santiago frente a ellos: Jesús, como el culpable de la situación en la que había metido a sus amigos, subió a la micro, y le consulta al chofer, con la voz mas tiritona de pera del mundo:

- Tío, pasa por sta isabel ?
- Pa onde vai ?
- Sta Isabel con Vicuña
- Ya vale, SUBAN CABROS

Lograron pillar una micro que los acarreara hasta su hogar y su cama, despues del largo recorrido (que pensaban realizar caminando), el momento de bajarse llegó, con un gracías tío, descendieron nuevamente a la calle, y llegaron sanos y salvos a su hogar. Calabaza no más, y Jesús entro, con una sonrisa de alivio en la cara, y a las 5:30 de la mañana a su casa, abrió la puerta, su madre lo esperaba, unos cuantos retos, pero no importaban, Jesús estaba tranquilo, había llegado con su celular y todos sus organos a su dulce hogar, ya nada le podía parecer peor, que haber estado a la deriva en Santiago, con el culo a 15 manos, y como un cerdito en la cola hacía el incineradero.

FIN.

PD: Aunque como era de esperarse, Jesús nunca mas supo de la susodicha de ese día...

Un saludo a los antifurrys.


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